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El chasquido más temido

28 enero, 2019 | Claudia Alemañy Castilla

Cuando se produce una rotura del ligamento cruzado anterior, la carrera de cualquier atleta queda en vilo

La lesión de ligamentos cruzados puede ser común entre los atletas
La lesión de ligamentos cruzados puede ser común entre los atletas Foto: Score Magazine

Las lesiones en la articulación de la rodilla son de las más frecuentes, debido, entre otras razones, a que se trata de una de las más grandes de todo el cuerpo humano. Pueden ocurrir durante casi cualquier actividad cotidiana y, en especial, durante la deportiva. En estos últimos casos prevalecen las roturas de los ligamentos cruzados.

Según un estudio desarrollado por varios centros médicos de todo el orbe, la molestia afecta sobre todo a competidores cuyo tren inferior es sometido a continuos cambios bruscos de ritmo o dirección de sus movimientos. Algunos de los atletas con mayor incidencia de este daño son los futbolistas, ciclistas, así como jugadores de voleibol, baloncesto, rugby, tenis y practicantes de esquí o artes marciales.

Los ligamentos cruzados son dos, uno anterior y otro posterior. Se encuentran en la región intercondílea de la rodilla y conectan el fémur con la tibia. Su nombre parte del hecho de que se “cruzan” entre sí.

Particularmente, son los futbolistas quienes más temen a este tipo de lesión. Los motivos son variados. En primer lugar, el tiempo de recuperación puede durar varios meses. Además, existe la posibilidad de no poder recuperar del todo el nivel de movilidad previo a la rotura. Finalmente, en el caso de los deportistas de élite, la intervención quirúrgica es casi inevitable si se desea continuar la práctica del deporte al máximo nivel.

Pero, ¿de qué hablamos específicamente cuando nos referimos a una rotura del ligamento cruzado?

Desde el principio es necesario tener en cuenta que un ligamento está compuesto por fibras de colágeno con forma de banda. Entre sus funciones se encuentra restringir el movimiento de la articulación para que no sobrepase los límites biomecánicos y anatómicos de nuestro cuerpo. La estabilidad de nuestras rodillas está asegurada por cuatro ligamentos: los cruzados anterior y posterior, y los laterales interno y externo.

Los cruzados, que como ya mencionábamos unifican la tibia y el fémur, dotan a nuestros movimientos de extensión y flexión. En particular, el ligamento cruzado posterior (LCP) impide que la tibia se desplace hacia atrás, mientras que la función del ligamento cruzado anterior (LCA) es evitar que la tibia se adelante respecto al fémur. La rotura de este último es la más común.

La lesión se produce tanto por cambios bruscos en la dirección del movimiento de la rodilla por una exagerada desaceleración, como por algún tipo de contusión. Esta puede ocurrir durante el frenado de algunas carreras o al apoyar mal los pies luego de un salto, acciones que son cotidianas en la vida de un deportista profesional o amateur.

Los atletas reportan una distendida variedad de síntomas al referir como ocurre la rotura de alguno de los ligamentos cruzados. La más común de ellas es la percepción de una especie de chasquido a la altura de la propia rodilla o en la tibia. También aparece un intenso dolor en la zona.

Además, por lo general hay dificultades a la hora de intentar apoyar la pierna, inestabilidad en la articulación de la rodilla y al momento de mantener una marcha sostenida. La inflamación, que puede ser moderada o extrema, aparece pocas horas después. Por otro lado, de acuerdo con estudios recientes, cerca del 70 % de los jugadores sufren un derrame hemático (de sangre) en el transcurso de las primeras 24 horas tras sufrir la lesión.

Cuando el LCA está roto, es muy limitada la extensión o estiramiento que el atleta puede hacer de la rodilla. Por eso se recomienda mantener el pie en una posición de semiflexión.

Recuperar una rotura del ligamento cruzado no es sencillo. Una vez diagnosticado el padecimiento existen varios protocolos de actuación, en especial si se trata de un deportista de alto rendimiento.

En caso de tratarse de una lesión grave, se recomienda el tratamiento quirúrgico. Previo a la operación y como parte de la propia recuperación, los médicos aconsejan reposo absoluto, aplicar hielo durante 10 a 15 minutos cada dos horas, vendaje para comprimir la rodilla y mantener la pierna elevada por encima del corazón siempre que sea posible.

El tiempo de recuperación de una lesión de este tipo puede ser variable, pero los protocolos para deportistas de élite han establecido que el primer mes es definitorio. Cuando el atleta es de alto rendimiento, la entrada a quirófano debe ocurrir en poco menos de una semana. A lo largo de las siguientes fechas se va incrementando paulatinamente el nivel de actividad física que puede aguantar la dañada rodilla.

Si bien la rotura de los ligamentos cruzados, tanto anterior como posterior, ha sido ampliamente estudiada y cuenta con tratamientos novedosos para disminuir su impacto, sigue siendo un serio impedimento para la vida deportiva de los atletas. Sin dudas, se trata de un temido chasquido, que ningún competidor desearía escuchar.

Infografía lesión de ligamentos cruzados
Infografía: Dary Steyners

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