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Cuando el béisbol no fue solo cosa de dos

4 junio, 2019 | Alejandro M. Abadía Torres

El béisbol es un deporte cargado de curiosidad, sin embargo, mucho no saben que este juego, concebido para disputarse entre dos equipos, una vez tuvo tres protagonistas

Caricatura del juego entre los tres equipos
Caricatura del juego entre los tres equipos Foto: Caricatura tomada de desdeelbullpen.com

En un partido de béisbol se producen los fildeos más espectaculares, los batazos más descomunales y los hechos más curiosos e insólitos que pudieran suceder sobre un diamante. La ocurrencia de esos acontecimientos siempre tiene algo en común: dos equipos enfrentados. Pero, cuando son tres al mismo tiempo, entonces la trascendencia no es lo que ocurre dentro del juego, sino, el encuentro en sí. Las sensaciones se triplican.

No pocas veces hemos sido testigos, de una forma u otra, del axioma y frase popular de que en el béisbol todo es posible, de que “esto no se acaba hasta que se acaba”. Pues sí, mucha razón entrañan esas líneas. Si los aficionados al deporte de las bolas y los strikes deliran al ser protagonistas del enfrentamiento entre dos equipos, imagínese ver un juego entre tres novenas.

Eso sucedió el 26 de junio de 1944 en Estados Unidos, cuando en el estadio Polo Grounds se enfrentaron, al unísono, los tres equipos de la ciudad de Nueva York, los Dodgers de Brooklyn (actualmente Los Angeles Dodgers), los New York Yankees y los New York Giants (actualmente San Francisco Giants), estos últimos en calidad de dueños de casa.

Polo Graunds, estadio de los New York Giants, actualmente de San Francisco, donde se celebró el juego entre los tres equipos.
Polo Graunds, estadio donde se celebró el juego. Foto Tomada del New York Daily News

El objetivo del extraño choque fue el de contribuir a la recaudación de fondos destinados para la Segunda Guerra Mundial. Precisamente, el desencadenamiento de la contienda bélica sumió al béisbol norteamericano en una gran carencia de jugadores y dada la necesidad de enviar hombres al frente, los banquillos de las franquicias de la Gran Carpa comenzaron a vaciarse.

También conocido como el Tri-Cornered Game, la iniciativa buscaba, además, una alternativa para despertar el interés de la fanaticada beisbolera, en un ambiente tan convulso, con una propuesta descabellada, irrisoria, pero verdaderamente todo un foco de atención.

A pesar de que en un principio los organizadores desconocían la forma correcta de materializar la idea, un profesor de Matemática de la Universidad de Columbia, Paul Smith, ideó la estrategia y colaboró además con los anotadores oficiales para hacer más factible el entendimiento de tal suceso. Arthur Daley, periodista del New York Times, escribiría al siguiente día: “En definitiva, fue un asunto de locos, pero maravilloso”.

¿Cómo fue posible? Pues resultaba inaplicable que los tres conjuntos salieran a la grama del Polo Grounds al mismo tiempo, por lo que, al inicio del choque, los Dodgers y los Yankees jugaron la primera entrada, mientras que los Giants se sentaron en su dogout. Luego, los de Brooklyn y los Gigantes disputaron la segunda entrada mientras los “Bombarderos del Bronx” esperaban.

Así, cada elenco actuaría en el campo y batearía durante dos capítulos consecutivos y luego aguardaría en el banco un inning completo hasta que jugaran un total de seis. No obstante, esa especie de round-robin duró las nueve entradas reglamentarias de un partido clásico ante casi 50 mil personas que abarrotaron el estadio para ser testigos de tamaño espectáculo.

Similar a un partido de Todos Estrellas tuvieron lugar competencias de habilidades antes de comenzar el encuentro. El novato de 18 años, Calvin Coolidge (Dodgers), se llevó las palmas de los aficionados al ganar en el bateo con fungo, mientras, su coequipero, Bobby Bragan, superaba a los catchers rivales con el tiro desde el home plate a un barril ubicado en la segunda base.

Nadie pudo ser más rápido que el ídolo local Johnny Rucker, quien mayoreó en el desafío de la velocidad al llegar con el menor tiempo en la carrera del plato a la primera base. Rucker demostró que eso no había sido fortuito, pues terminó la temporada de 1944 como líder en bases robadas.

De izquierda a derecha los entrenadores de las novenas: Joe McCarthy (Yankees), Mel Ott (Giants) y Leo Durocher (Dodgers).
De izquierda a derecha los entrenadores de las novenas: Joe McCarthy (Yankees), Mel Ott (Giants) y Leo Durocher (Dodgers). Foto tomada del San Francisco Chronicle. Foto tomada del San Francisco Chronicle

Sin embargo, aquella noche histórica registró otras jugadas curiosas. En el área del Visitador, Yankees y Dodgers compartieron el banco, la primera vez que algo así sucedía. Los mánagers, Leo Durocher (Dodgers) y Joe McCarthy (Yankees) dirigieron a sus escuadras desde las esquinas opuestas del mismo dogout.

Mientras que los Dodgers anotaban carreras, los Yankees y los Gigantes no estaban llegando a ninguna parte. Los Gigantes de Mel Ott fueron derrotados, con solo dos hits a lo largo del juego. Después de que cada equipo jugó sus seis entradas completas, los de Brooklyn pisaron la goma en cinco ocasiones y solo una vez pudieron hacerlo los Yankees, mientras que los Gigantes sufrieron la humillación de ser excluidos en su propio estadio.

Jugadores históricos de los tres equipos que asistieron al juego
Jugadores históricos de los tres equipos asistieron al juego. Aparecen de derecha a izquierda: Zack Wheat (Dodgers), Moose McCormack (Giants), Herb Pennock (Giants), Bill Klem (importante árbrito), Roger Bresnahan (Giants), Wally Schang (Yankees), George Wiltse (Giants), Nap Rucker (Dodgers) y Otto Miller (Dodgers). Foto tomada de Twitter

Más allá de la trascendencia puramente deportiva que pudo haber tenido dicha iniciativa (los resultados no incidieron en la tabla de posiciones del calendario regular), el hecho de romper esquemas, de innovar, de hacer algo por cambiar la realidad y engrandecer el juego de pelota, hablan a las claras de cuánto falta por hacer, de que no todo está inventado, de que el béisbol no es solo cosa de dos.

Box score del juego

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