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Snow Voleyball, una fría historia entre remates y bloqueos

15 mayo, 2019 | Haroldo M. Luis Castro

La práctica del voleibol de nieve se ha expandido por un número considerable de países del Viejo Continente

Diecisiete países organizaron un campeonato nacional de Voleibol de Nieve durante el 2018.
Diecisiete países organizaron un campeonato nacional de Voleibol de Nieve durante el 2018. Foto:

Cuando la cuestión se trata de pasar un buen rato quemando calorías y poniendo el físico al límite con cada movimiento, el ingenio de la mente humana no encuentra límites. El snow voleyball, o sencillamente voleibol de nieve, quizás sea el más peculiar y claro de los ejemplos. Esta sui generis actividad nació de la necesidad de adaptar el popularísimo juego de la malla alta a entornos muchos más extremos, donde las bajas temperaturas cobran especial protagonismo durante gran parte del año.

Sus comienzos se remontan a hace poco más de una década, en medio de las frías montañas austriacas de Wagrain-Kleinarl. A la “insignificante” altura de 1 850 metros, entusiastas innovadores establecieron un terreno en la estación de esquí Flying Mozart, atrayendo gran número de jugadores y fanáticos. Pues si algo caracteriza al snow volley es la espectacularidad de su juego.

Quienes lo practican, aseguran que en comparación con el vóley de playa —su hermano mayor— resulta mucho más difícil predecir la dirección del balón y leer las acciones de los contrarios, por lo que se requiere grandes habilidades para la improvisación sobre la marcha.

En esencia, sus reglas son semejantes a las de playa. Emplea la misma pelota, así como las medidas de la cancha (16 m x 8 m) y la altura de la red (8,5 m). Pero difiere un tanto en la equipación, aunque a día de hoy se carece de una indumentaria oficial. En vez de gafas de sol, bikini o bañador, se utiliza ropa térmica o impermeable para mantener la temperatura corporal y zapatos de fútbol para garantizar el agarre en una superficie tan complicada. Aun así, siempre encontramos a algún osado dispuesto a lucir vestimentas típicas de un caluroso verano.

Lo que comenzó siendo un simple entretenimiento, de a poco ha conseguido establecerse y captar cada vez más adeptos. Desde su reconocimiento oficial por la Federación de Voleibol de Austria en 2011, inició su inserción en países como Italia, España, Suiza, República Checa e Irán, donde ya se realizó la primera competición internacional fuera del Viejo Continente.

El 14 de febrero de 2018, con la aprobación de la Confederación Europea de Voleibol, la Federación Internacional de dicha disciplina (FIVB, por sus siglas en francés) lo presentó en calidad de certamen de exhibición en los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en la ciudad surcoreana de PyeongChang. El evento tuvo de protagonistas a figuras de la talla de los brasileños Gilberto Gody y Enmanuel Rego, además del serbio Vladimir Gbric y la china Xue Chen, logrando atraer la atención de los más disímiles medios de comunicación a nivel mundial y del Comité Olímpico Internacional.

En la medida en que continúa en expansión, los próximos objetivos de la FIVB incluyen la organización de un Campeonato Mundial en toda regla para el 2021 y convertirse en la primera federación en contar con tres disciplinas olímpicas al hacer el máximo esfuerzo por incluir el voleibol de nieve en las Olimpiadas Invernales de la Juventud de 2020, con sede en Lausana, Suiza.

Apasionante y atractivo de principio a fin, este deporte llegó para quedarse y continuará en constante crecimiento. Solo queda ver cuán lejos podrá llegar.

Infografía: Ricardo Valdivia / Fuentes: www.fivb.com, Reuters, YouTube

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