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Kid Chocolate ¡Qué pobre tan rico!

6 agosto, 2019 | Alejandro M. Abadía Torres

A 31 años de su muerte, bien vale la pena reencontrarnos con esa tremenda figura del deporte cubano de todos los tiempos

Kid Chocolate
Kid Chocolate Foto:

Triste, así fue el 8 de agosto de 1988 para el boxeo cubano. Aquella fecha fallecía uno de los más emblemáticos pugilitas cubanos que hayan subido al ring: Eligio Sardiñas Montalvo, el legendario “Kid Chocolate”. A 31 años de su deceso, bien vale la pena reencontrarnos con esa tremenda figura del deporte cubano de todos los tiempos.

Reconocido sobre los cuadriláteros no solo dentro de nuestras fronteras, sino en todo el mundo, por su agilidad, destreza y espectacular manera de derrotar a los rivales, condiciones que le hicieron merecedor de Campeón Mundial los años 1931 y 1932. El “Choco” (como también le decían) figura en el selecto grupo de los diez boxeadores profesionales más importantes de la historia. No es para menos, Kid Chocolate, a lo largo de su fructífera carrera en el deporte de los puños rentados, se agenció un total de 136 combates ganados (51 de ellos por KO), frente a solo diez fracasos.

Siendo apenas un niño, a su faena diaria como vendedor ambulante de periódicos o limpiabotas, combinaba una afición que poco a poco se fue ganando un lugar de preferencia en él. Con solo 12 años comenzó con sus primeros jabs y movimientos dentro de las cuerdas. Las peleas en el Arena Colón, del Cerro, donde aprendió algunos secretos en el difícil arte del golpeo y la esquiva, prendieron la chispa de lo que sería el fuego de uno que dicen: “danzaba sobre el ring”.

En cuanto a su fecha de nacimiento, se maneja cierta polémica ya que existen documentos en los que aparece el 6 de enero de 1907 como el natalicio de Eligio Sardiñas, pero lo cierto es que el Kid vio la luz el día 28 de octubre de 1910, en la barriada habanera del Cerro. Pero… ¿Por qué esta dualidad de fechas? Sencillo, la primera fue el momento con el que Chocolate se reinscribió en el juzgado municipal de San Isidro y así constó en los documentos oficiales cuando en 1928 emprendió el primer viaje a Estados Unidos. El objetivo de aquella acción fue el de contar con la edad necesaria, al menos en el papel, para inscribirse como boxeador profesional.

Aunque fugaz, el astro de los puños cubano incursionó durante su infancia en el deporte de las bolas y los strikes y así lo describieron los autores Elio Menéndez y Víctor Joaquín Ortega en su libro El boxeo soy yo: “Como pelotero, se desempeñó con calidad en el campo corto, aunque podía hacerlo, además, en la intermedia o en el inmenso campo central. Sobrino de Heliodoro Jabuco Hidalgo, brillante centerfielder del Almendares en la pelota de antaño, Yiyi heredó el virtuosismo beisbolero y, de no haber escogido el boxeo como profesión, Chócolo hubiera brillado igualmente en el deporte nacional”.

El béisbol, tanto como el boxeo, constituyó una de las grandes pasiones del Kid. En entrevistas concedidas al final de su carrera, admitiría que dos grandes ambiciones le motivaron desde muchacho: ver una pelea en el Madison Square Garden, el llamado templo del boxeo profesional, y un juego de pelota en el mítico Yankee Stadium. Ambas las cumplió.

Como profesional, Chocolate peleó por vez primera el 3 de marzo de 1928 y en su debut noqueó a José Sotolongo. Después marchó, junto a su mánager, Luis Felipe “Pincho” Gutiérrez, a Estados Unidos, país donde obtuvo la mayoría de sus éxitos. Aquí un dato interesante y es que muchos desconocen al Jackie Robinson del boxeo. Sí, sus hazañas en el pugilismo profesional no fueron solo contra otros hombres. Sin dudas, una de sus más recordadas victorias fue la que protagonizó contra la segregación reinante por aquellos años y, de hecho, una vez más, ganó.

La faja de campeón mundial en pesos pluma le llegaría en julio de 1931. Durante el combate, su víctima, Benny Bass, recibió una combinación de golpes por parte del cubano que hicieron a los entrenadores de Bass tirar la toalla al comenzar el séptimo asalto. Al año siguiente repetiría el resultado, esta vez dejando sobre el encerado al norteamericano Lew Feldman.

A pesar de ser considerado imbatible, la primera vez que fue noqueado en una pelea llegó en 1933 de la mano del siempre exigente Tony Canzonery, reconocido por su gran pegada, de la cual fue víctima. Chócolo, por su parte, abandonó el ring con la cabeza baja y la mirada triste, sin hablar. El día más amargo para él fue cuando el ítalo-americano le puso fuera de combate en el segundo round, porque él concebía el boxeo “para dar y que no te den”.

En las postrimerías de su fructífera carrera boxística recibió la noticia de haber contraído sífilis. La enfermedad se le diagnosticó en momentos en que no había medios adecuados para combatirla y esta lo fue derrotando cada día y mermando su condición física. Chocolate, que solía repetir “el boxeo soy yo” y que ganó una fortuna con sus peleas, terminó como entrenador y sin dinero, pero “no en la pobreza”, como él mismo reconocía.

Ciro Bianchi Ross describe en su crónica La última pelea de Kid Chocolate que, en momentos de abundancia económica, el campeón mostraba interés en ayudar a los que nada tenían y siempre que podía regalaba dinero a los niños que perseguían sus lujosos autos en busca de limosna. Muchos de los que se llaman ricos hicieron su fortuna a costa del dolor y del llanto ajeno. “Yo, que no amasé fortunas con el sufrimiento de nadie, sino con mi esfuerzo y mi sudor, me sentí dichoso proporcionando felicidad a los demás”, sentenciaba.

El nombre de Eligio Sardiñas no solo vive en el recuerdo de los miles de aficionados que conocieron de sus hazañas o las vivieron en carne propia, sino que su figura legendaria ha quedado inmortalizada en sitios emblemáticos como el propio Madison Square Garden o la sala polivalente que lleva su nombre construida para acoger los Juegos Panamericanos Habana 1991. Así, como lo quiso en su momento, la felicidad les llega a las personas que nombran su impronta con tanto orgullo al decir de Kid Chocolate: ¡Qué pobre tan rico!

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