Cargando

Reyes del azúcar…y del béisbol

23 diciembre, 2019 | Alejandro M. Abadía Torres

Una de esas novenas que cautivó a los cubanos de los años 50 del pasado siglo y que llegó a tocar en lo más profundo del orgullo nacional fue la de los Cubans Sugar Kings, quienes alcanzaron el título de la llamada Pequeña Serie Mundial el 6 de octubre de 1959

Conjunto de los Cuban Sugar Kings que se coronó campeón de la Pequeña Serie Mundial de 1959
Conjunto de los Cuban Sugar Kings que se coronó campeón de la Pequeña Serie Mundial de 1959 Foto: Original tomada de mopupduty.com

En Cuba ningún deporte despierta tanto interés como la pelota. A pesar de que los fervientes defensores del fútbol pudieran pensar lo contrario, lo cierto es que el considerado Deporte Nacional constituye una verdadera pasión que desde edades tempranas se va apoderando del gusto de miles de aficionados. Incluso, muchos de los que no han podido jugar en el primer nivel se han convertido en jonroneros de barrios, árbitros de gradas o analistas en “esquinas calientes”.

Alrededor de 150 años de historia de la pelota en el país dejaron registradas numerosas jugadas, centenares de atletas consagrados a sus equipos y estadios emblemáticos. Viejas rivalidades, noches sin dormir, estadísticas, alegría, llanto, cual perfecta combinación de doble play, aglutinan a multitudes de hombres, ancianos, niños, amas de casa y todo al que le pregunten y sepa responder: “¿Cuál es tu equipo?”.

Precisamente, una de esas novenas que cautivó a los cubanos de los años 50 del pasado siglo y que llegó a tocar en lo más profundo del orgullo nacional fue la de los Cubans Sugar Kings (Cubanos Reyes del Azúcar) combinado que alcanzaría el título de la llamada Pequeña Serie Mundial, correspondiente a la Liga Internacional, el 6 de octubre de 1959 para beneplácito de los miles de seguidores que colmaron el graderío del Gran Stadium del Cerro (hoy Latinoamericano).

“Un paso más y llegamos”
Antes de que los Kings batearan la primera bola en su temporada inaugural existía una franquicia, los Havana Cubans, que intervino en la Liga Internacional de la Florida, de clase C, desde 1946. Aunque se mantuvieron casi una década, las continuas derrotas, y, por ende, el poco apoyo del público atentó contra la permanencia del club y este vio imposibilitada su existencia, al punto de desaparecer al finalizar la temporada de 1953.

Bobby Maduro, principal impulsor de la franquicia de los Cuban Sugar Kings
Bobby Maduro, principal impulsor de la franquicia de los Cuban Sugar Kings.
Foto tomada de sabr.org

La oportunidad se presentó idónea para las aspiraciones del magnate Roberto “Bobby” Maduro, principal impulsor del surgimiento de un nuevo equipo, para desplegar su propuesta y la siguiente campaña viera la luz el seleccionado de los Cubanos Reyes del Azúcar. Esta vez, una novena cubana daría el salto de calidad llegando a participar en la Liga Internacional, un certamen de nivel Triple A, a un paso del Big Show, que en definitiva resultaba el “dulce” sueño de los aficionados criollos de la época.

Como todo equipo de las Ligas Menores, los Cubanos debieron integrarse a un elenco del circuito MLB, por lo que los Rojos de Cincinnati llegaron a ser la franquicia sucursal de los azucareros. De esta forma, el elenco antillano se mediría en lo adelante frente a combinados de Estados Unidos y Canadá de la talla de los Rochester Red Wings, Richmond Virginians, Buffalo Bissons, Syracuse Chief, el Ottawa A’s, el Toronto Maple Leafs o los Montreal Royals.

Durante sus primeras cinco campañas, entre 1954 y 1958, el Sugar Kings no obtuvo resultados relevantes y en ninguno de esos años pudo discutir el título. Solo en 1955 llegaron a la postemporada, pero cedieron ante el empuje del representativo canadiense de Toronto.

Para los antillanos resultaba difícil mantener una nómina lo bastante competitiva como para establecerse en planos estelares. Además, el Cincinnati de la época cedía a muy pocos talentos, dado que no era de las franquicias más “poderosas” de la Gran Carpa. Por solo tener una idea, en la Liga Internacional participaban jugadores, sobre todo lanzadores, procedentes de clubes como los New York Yankees, organización que había implantado toda una dinastía por aquel entonces.

Terminada la temporada del 58, los dirigidos inicialmente por Napoleón Reyes, y luego por Antonio Pacheco, -en sustitución del primero-, exhibieron un famélico balance de 65 victorias y 88 derrotas, actuación que les catapultó hacia del frío sótano de la tabla de posiciones. Las crónicas deportivas publicadas en la prensa de la época refieren, entre otras cuestiones de índole deportiva propias de un equipo, la falta de acoplamiento entre los peloteros cubanos y norteamericanos que integraban la nómina.

En uno de los juegos celebrados en Minnesota. Tres de los jugadores de los Kings alrededor de una fogata improvisada para contrarrestar las bajas temperaturas.
En uno de los juegos celebrados en Minnesota. Tres de los jugadores de los Kings alrededor de una fogata improvisada para contrarrestar las bajas temperaturas. Tomada de tres-verdades-WordPress.com

Campeones por primera vez
Al siguiente año el panorama cambió notablemente, quizás, gracias a la llegada del nuevo mánager, Preston Gómez. Para salir del hueco, el equipo limó asperezas y ganaron un total de 80 desafíos y, aunque perdieron en 73 ocasiones, resultó suficiente para quedar en el tercer lugar y ganarse el pase a los play-off.

Mientras que los cubanos avanzaban en la postemporada, el graderío del Gran Stadium del Cerro se abarrotaba cada vez más, tanto así, que el partido final hubo que jugarlo con dimensiones especiales del terreno. Nadie quería perderse la discusión del título. El rival en la final fue el equipo de los Minneapolis Millers, quienes arrollaron a sus contendientes en la Asociación Americana para luego llegar a la Pequeña Serie Mundial con la condición de favoritos y con una enorme confianza en sí mismos.

El primer juego lo ganaron los Kings como visitantes 5 carreras por 2, derrotando en el terreno no solo a sus rivales, sino también al intenso frío del Metropolitan Stadium en Bloomington, Minnesota. Las condiciones de un clima tan invernal y adverso para los antillanos le pasaron factura en el segundo desafío de la serie. Esta oportunidad fue aprovechada por el conjunto norteamericano para empatar las acciones, a pesar de que los nuestros llegaron al noveno inning con ventaja.

Así transcurrieron las cosas, la balanza se inclinaba hacia ambos bandos hasta que llegó la noche del 6 de octubre, cuando se decidirían las acciones en la capital cubana. Por los norteños abrió el lanzador Tom Borland, mientras que Bobby Maduro decidió enviar a la lomita al diestro Ted Wieand como carta de triunfo de los Sugar Kings.

En cuanto a carreras, se anotaron pocas durante los primeros innings, no obstante, los visitantes pisaron la goma en dos ocasiones gracias a par cuadrangulares, salidos del bate de Lu Clinton en el cuarto episodio y de Macko en el séptimo. La escena quedaba lista para las postrimerías del encuentro y los Kings vinieron de abajo en el final del 8vo, entrada en la cual logaron igualar el choque gracias a conexión de Larry Novak como emergente.

Con el partido igualado y el graderío a punto de explotar llegó el último inning. Así, como quisiéramos que pasara siempre con nuestros equipos, los Cubans Sugar Kings dejaron lo mejor para el final y ¡qué final! Dos outs en la pizarra, corredor en segunda base (Raúl Sánchez), al bate empuñaba Daniel Morejón. Con el siguiente lanzamiento habría terminado la Pequeña Serie Mundial y Morejón, quien largó indiscutible, trayendo la carrera de la victoria, se convertiría en héroe nacional. Esa noche, ni en La Habana, ni en Cuba, se escuchó otra frase que no fuera: Campeones.

Fidel reunido con el equipo de Minneapolis Millers, los rivales de la novena cubana en la final de la Pequeña Serie Mundial de 1959
Fidel reunido con el equipo de Minneapolis Millers, los rivales de la novena cubana en la final de la Pequeña Serie Mundial de 1959. Foto: Stew Thornley.

Adiós al sueño MLB
Cuando todavía muchos en el país continuaban con dolor de garganta y todavía el triunfo tenía sabor a gloria, la siguiente temporada de la Liga Internacional fue la última para los Kings. Durante todo el año 1960 los Estados Unidos arreciaron sus acciones contra la naciente Revolución que había triunfado en enero de 1959. Las operaciones anticubanas traspasaron la esfera política para afectar también al deporte, especialmente el béisbol.

Dirigentes y jerarcas de las Grandes Ligas decidieron “reubicar” la franquicia de los cubanos en la ciudad estadounidense de New Jersey para “cuidarlos” de la “agitada” situación de la Cuba de aquel entonces, una burda mentira cuyo único objetivo buscaba golpear al gobierno revolucionario, sacando al equipo de La Habana. En julio de ese año la franquicia dejaría de llamarse los Cubanos Reyes del Azúcar para pasar a ser los Jersey City.

Nosotros

¿Qué hacemos?

Abordamos los más diversos temas deportivos, sin distinción de disciplinas ni público. Nuestra meta es complacer a todos los amantes de la actividad física.

¿Cómo contactarnos?
Mediante nuestro correo o nuestras redes sociales, haznos saber tus opiniones y preferencias. Es importante para nosotros hacerte llegar una publicación justo a tu medida.