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Vidas paralelas: Merkel y Löw, símbolos de una época

17 noviembre, 2020 | Alejandro Besada

Las figuras de Joachim Löw y Angela Merkel parecen tener un paralelismo que marca tanto a la nación germana como a su amada selección nacional de fútbol, la Mannschaft

El destino de la Mannschaft parece estar muy vinculado a los grandes cambios en Alemania.
El destino de la Mannschaft parece estar muy vinculado a los grandes cambios en Alemania. Foto: Score Magazine

La relación entre Alemania y el fútbol parece indisoluble más de 100 años después de que se jugaran los primeros partidos. A lo largo de su historia conjunta, el devenir de uno parece el del otro.


Con dos Guerras Mundiales de por medio y un equipo vapuleado a nivel europeo, la primera mitad del siglo XX no fue nada buena para ambos. Sin embargo, Die Mannschaft marca los tiempos en la modernidad germana, y, en 1954, el “Milagro de Berna” dio inicio también al milagro de la recuperación alemana de la post-guerra.


Más tarde, en los 70, junto a la expansión económica del país, el estilo de juego teutón se desenvolvía a nivel internacional con un Bayern Múnich todopoderoso en Europa y otra Copa del Mundo en 1974. Y, por si fuera poco, la reunificación del país se dio con el grito de gol de Andreas Brehme, en la final del Mundial de 1990 contra Argentina.

El siglo XXI no se libra de estos paralelismos. Los dos rostros más representativos de Alemania en los últimos quince años son el más reciente eslabón de dicha historia: la actual “dama de hierro”, Angela Merkel, novena canciller de Alemania (después de la Segunda Guerra Mundial); y Joachim “Jogi” Löw, noveno seleccionador de la Mannschaft (después de la Segunda Guerra Mundial).


Ambos no se caracterizan por su carisma, ni discursos emotivos o solemnes, sino por el carácter, más bien pragmático y metódico. No por el estilo de peinado o el sentido de la moda —detalles superfluos—, sí por la experticia y por lo que en el deporte colectivo se nombra juego de pizarrón. Llegaron a sus respectivos escenarios de forma silenciosa, considerados —y subestimados— por muchos, como los segundos de figuras con mayor brillo, arraigo y, por qué no, estilo.


La Merkel se inició en la política bajo la tutela del Canciller Helmut Kohl (1982-1998), uno de los hombres más reconocidos en dicho cargo, quien lideró el proceso de reunificación alemana. La estrecha relación de ambos y la sombra de este fueron utilizados por sus detractores, que la demeritaban con el apodo de “La chica de Kohl”.


Mientras, Löw, con poca experiencia en los banquillos de alto nivel, fue llamado sorpresivamente a la selección como asistente del entrenador Jürgen Klinsmann, en 2004. “Klinsi” era un ídolo de la afición desde sus tiempos de goleador con la Mannschaft. Para 2006, tras un tercer lugar en la Copa del Mundo, se le consideraba héroe nacional.

Sin embargo, ese año, Klinsmann no renovó su contrato y el 12 de julio de 2006 Joachim Löw pasó a ser técnico del equipo. El nuevo seleccionador heredó los cambios de estilo que había comenzado su sucesor. Se veía venir un conjunto con preponderancia de jóvenes, con un juego más ofensivo, de creatividad y posesión del balón, que de garra y fuerza de voluntad.


También Angela Merkel venía con un legado y un proyecto renovador, sacando lo mejor de las tentativas de su predecesor, Gerhard Schröder. El 22 de noviembre de 2005 —un año antes que Löw— era elegida como la primera Canciller mujer de Alemania.


Con el suceder de sus mandatos, Alemania se estableció como la potencia número uno en Europa, desarrollando políticas económicas y ambientales que apuntan a un modelo financiero y social sustentable.
No obstante, el cambio más sentido y obvio en la selección nacional fue apertura del país a los inmigrantes. Nuevamente, la Mannschaft reflejó un punto de cambio en Alemania. Esta vez, el multiculturalismo de la sociedad se hacía patente a través de los Özil, Khedira, Boateng y, más recientemente, los Gnabry y Sané.

Del mismo modo que iniciaron, también llegaron a lo más alto juntos. En el año 2013, la Merkel fue reelecta en el cargo con una aplastante victoria, quedando ligeramente por debajo de la mayoría absoluta en las elecciones generales. Esto solo sirvió para reafirmarla como la mujer más poderosa del mundo, título que le otorgó la revista Forbes durante nueve años consecutivos (2010-2019).


Por su parte, Löw llevó a la selección a uno de sus mejores momentos de la historia. Alemania fue subcampeona de la Eurocopa de 2008 y tercera en la Copa del Mundo de 2010. Durante casi una década, los germanos se mantuvieron en el Top 10 del ranking FIFA, ocupando varias veces el número uno.


Sin embargo, la consagración llegó en Rio 2014. En la final contra Argentina, el gol de Mario Götze le dio a la Mannschaft el cuarto mundial de su historia. Ocho años después de sus inicios, más de 3000 aficionados aclamaban a “Jogi” en casa, en un recibimiento antológico. Meses más tarde, añadió a sus vitrinas el premio al mejor entrenador del año 2014, por la FIFA.

Merkel celebra junto a la selección el triunfo en el Mundial de 2014
Merkel celebra junto a la selección el triunfo en el Mundial de 2014. Foto tomada de El Universo

Por supuesto, Angela Merkel no podía faltar a estas fiestas. Más allá de las coincidencias, la Canciller es una fanática del fútbol y fue la primera en bajar al vestuario durante la celebración. En tierras brasileñas, los dos rostros más visibles de la Alemania actual compartieron la cerveza del triunfo en el mejor momento de sus carreras.

Sin embargo, todo lo que sube tiene que bajar. En los últimos años, el aura de victoria y estabilidad que los rodea comenzó a resquebrajarse.

La llegada masiva de refugiados desde 2015 generó temores en ciertos sectores de la población, lo que fue aprovechado por los grupos de ultraderecha, hoy en pleno ascenso. Ante esto, los partidos contrarios no ven en la Canciller de 66 años la fuerza de años anteriores, ni la respuesta necesaria. La Merkel y sus parciales han perdido popularidad frente al electorado y, en una Alemania dividida, recibe ataques incluso de sus propios aliados.
En paralelo, el descenso de Joachim Löw fue más precipitado y veloz. El triunfo de la Copa Confederaciones de 2017 no hacía presagiar que la debacle germana estaba cerca. Y, en la Copa del Mundo de Rusia 2018 el golpe cogió a todos desprevenidos.


El técnico sería protagonista de la peor actuación de la selección en la historia. Siendo uno de los favoritos al título y con una gran plantilla, se vieron superados por México y Corea del Sur, para quedar eliminados en fase de grupos.


La permanencia, antes indiscutible, ahora, tras el torneo, se veía (se ve) remota, porque el equipo no ha conseguido levantar cabeza. Eliminados en la primera edición de la Liga de Naciones de la UEFA, con varios empates en el torneo actual, y la escandalosa derrota ante España; las alabanzas al entrenador disminuyen, mientras los detractores crecen vertiginosamente.


Los próximos dos años vaticinan el ocaso de una era. Angela Merkel anunció que no se presentará a las elecciones generales de 2021, mientras Joachim Löw tiene contrato hasta 2022, que, a la espera de un posible milagro, parece el último.


En vistas de un final cercano, sin posible (no irrealizable) resurrección, parece que ha llegado la hora de nuevos estilos, jugadas de pizarrón y caras nuevas. Alemania solo espera el comienzo de otra de esas coincidencias que han marcado hitos en su historia.

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