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Sergio Álvarez: el envión de toda una vida (Parte I)

11 septiembre, 2020 | Darien Medina Bonilla

Entrevista al pesista cubano recientemente exaltado en el Salón de la Fama de la Federación Panamericana de Levantamiento de Pesas (FPLP)

Sergio Álvarez fue recientemente exaltado en el Salón de la Fama de la Federación Panamericana de Levantamiento de Pesas.
Sergio Álvarez fue recientemente exaltado en el Salón de la Fama de la Federación Panamericana de Levantamiento de Pesas. Foto: Getty Images

Todo el palmarés de Sergio Álvarez no resume el peso que muchas veces ha tenido que levantar de las injusticias que le han cargado encima. Cada una de ellas se las ha puesto sobre sus hombros y ha sabido andar para escribir una rica historia en la halterofilia cubana.

No le faltaron éxitos en su carrera ni tampoco las pruebas a las que enfrentarse, desde el mismo inicio de su trayectoria como deportista, esa que estuvo a punto de abandonar cuando el cansancio parecía vencerle, pero regresó, como solo hacen los campeones. Esta no es una simple historia, es la historia de un campeón, de esos que forjan en esta isla a golpe de talento y sacrificio.

Antes de las pesas pasó por la gimnasia, en este deporte fue promovido a la desaparecida pre EIDE Jorge Dymitrov cursando el segundo grado, un año después haría su entrada en la EIDE Luis Augusto Turcios Lima.

“Todavía recuerdo a los entrenadores que tuve, Efraín Carol que le decíamos Yipa y Lázaro Amador que fue unos de los mejores gimnasta en su época. Participé en dos juegos escolares, y ya en sexto grado por la falta de entrenadores nos mandaron a todos para la calle, entonces como era matrícula de la EIDE mi mamá me quiso cambiar para pesas porque siempre los entrenadores hablaban que tenía condiciones y en ese momento me dijeron que no, por haber tenido una lesión grave en la muñeca derecha, no se pudo hacer nada”.

Su padre, quien fuera pugilista, poco le importó la opinión de quienes lo rechazaban y junto al entrenador Julián Correa (Cheo), comenzaría a entrenar en la ESPA Aurelio Janet, a medida de que fueron llegando los resultados, su nombre comenzó a ser reclamado por los entrenadores de la EIDE.

“Mis padres fueron una gran influencia. Mi papá fue pesista y compitió en los juegos de los trabajadores que se hacían en aquellos años, así que tenía una referencia con él. A veces yo le decía: ̔voy hacer mejores marcas que tú̕. El salía del trabajo y no faltaba casi ningún día para verme entrenar”.

Álvarez fue el abanderado de Matanzas a los Juegos Escolares Nacionales en 1995, con nueve récords nacionales alcanzaría el primer lugar y también le abriría las puertas a la ESPA Nacional Juvenil, una nueva prueba.

“Allí desde que entré comencé a entrenar con Jorge Luis Varcelán, luego se va a cumplir misión y paso a trabajar con Andrés Martínez. Ese primer año fue un poco duro por una lesión que sufrí en el aductor. Fui propuesto a baja y estuve casi el año sin entrenar. Fui al Campeonato Nacional y lo gané con buenas marcas, y recuerdo que Rolando Leyva, El Samurái, como le dicen, me miraba y ya para mí era un orgullo, entrenaba a Pablo Lara, Ernesto Montoya, Modesto Sánchez, Carlos Alexis Hernandez y otros”.

En 1997 comenzaron a llegar los resultados internacionales al coronarse campeón mundial e iberoamericano en la categoría juvenil, pero sería en 1999 cuando se consolidaría como uno de los pesistas más prometedores en el país.

“Ese año gané el Campeonato Internacional Manuel Suárez e igualé el récord mundial juvenil con 127,5 kg en arranque. Fue la competencia que me permitió asistir a los Juegos Panamericanos de Winnipeg, que los gane con 19 años”.

“Ese año no se asistió por problemas de visa al Mundial Juvenil de Georgia en Estados Unidos, por las marca que se hicieron hubiese ganado, fue un resultado que perdí para mi carrera. Ese año fui el mejor juvenil de Cuba en todos los deportes”.

En Sydney 2000 alcanzas el quinto puesto olímpico. Ya mirando desde la distancia, ¿creíste posible lograr una medalla olímpica?

“El año 2000 fue un año muy bueno, hice una preparación para los juegos olímpico fenomenal en Colombia, logré 130 kg de arranque y 160 kg de envión que eso era medalla segura en los Juegos Olímpicos. Llegando de la base tuve que irme a Matanzas por problemas personales y ahí se fue toda la preparación. La verdad me pasó factura la juventud, de pensar que no pasaría nada, pero bueno, fue experiencia que se va acumulando. Llega la Olimpiada y fallé unos arranques que me sacan de la competencia prácticamente, al final obtuve el quinto puesto, no estuve nada contento con los resultados”.

Desde el 2001 hasta el 2004, por decisión de directivos de la disciplina eres separado de la selección nacional. ¿Cuáles fueron las razones que te informaron para tomar esa decisión?

“El año 2001 es un año que recuerdo de manera desagradable. Me iba muy bien  en la preparación para el mundial en Ecuador y tuve una lesión. Me pasé un mes casi sin entrenar y es una de las medallas que más aprecio de mi carrera porque fui sin entrenar prácticamente y cogí bronce, aparte del campeonato panamericano y otras competencias que las gané también.

“En diciembre va mi esposa a Cuba, y en enero del 2002 voy caminando por el Cerro Pelado, me había hecho un tatuaje en el brazo y un entrenador me dice: ̔¿tú no sabes que eso es una sanción?̕. Bueno, se armó. Ahí llegué al gimnasio y me piden separación del equipo nacional por dos años y trabajo educativo del centro. No quería esa sanción porque no había motivo alguno para eso, pero al final la dirección del deporte la pedía, así que trabajo educativo puso un año para que a los seis meses regresara al centro. Me fui para mi casa en Matanzas y me lo tomé como unas vacaciones entrenando. Ese año era sin competencias.

“Me caso con mi esposa de nacionalidad española. Voy al nacional y tengo la peor competencia de mi vida de tanta presión. Se decía que era posible desertor y muchas cosas más.

“Me enteré que no me iban a dejar competir nunca más, un dirigente de las pesas en Cuba dijo que no levantaría ni una más allí. No podía hacer nada. Tomo la decisión de ir con mi esposa a España de vacaciones para despejar de todos los problemas. No sabía que para viajar había que pedir tantos papeles y permisos. Para una liberación que se hacía por el jurídico del INDER, pido verlo, y me dice él que no se me podía dar porque era muy joven y me podía quedar allí y competir con ellos.

“Es algo desgarrador que no te dejen competir en tu país ni viajar con tu esposa, no entendía nada, andaba por las nubes y mi mamá peor, porque mi carrera deportiva podía perderse.

“Pasan los meses, y entrenando en mi provincia, que no había ni barra, mi esposa me trae una para que yo entrenara. Hice buenas marcas con las que hubiese podido ganar el Campeonato Mundial de ese año y los Juegos Panamericanos de Santo Domingo. Las lágrimas se me salían, me pasé días llorando de pensar que podía estar ahí.

“En el año 2004 me dejan competir en la Olimpiada del Deporte Cubano, si los integrantes del equipo me ganaban sería un pretexto para no tener que llevarme a la selección. Finalmente gano la competencia.

“Pasan los meses y empieza el nuevo curso, llega a Matanzas el listado de los atletas de nuevo ingreso en las selecciones nacionales y mi nombre no estaba, otro cubo de agua fría más. Camino a la casa no dejaba de pensar, lloraba, me decía ¿qué hago?, ya había perdido mundiales, juegos panamericanos y los juegos de Atenas.

“Mi tío me dice: ̔esto se va arreglar, recoge recortes de periódicos y medallas, échalas en una mochila y vamos mañana para el Consejo de Estado̕. No se me olvida, llegamos, nos atendieron y le dijimos que queríamos ver al compañero Esteban Lazo que en ese tiempo estaba atendiendo el deporte. Nos atiende el jefe de despacho, le explicamos el caso y a esperar.

“A la semana llegó una lista nueva a Matanzas de los atletas de nuevo ingreso y de no estar en la primera lista, en esta aparecía mi nombre de primero. Ese día agradecí que había algo grande y el haber luchado por lo que se quiere cuando hay razón.

“Hago entrada al Cerro Pelado en los 52 o 53 kg, hacen una reunión y me dicen que soy 62 kg. A las tres semanas en la escuela era tanta mi obstinación que un día coja mi maleta para irme y le doy gracias a Humberto Morejón, “Cuní”, matancero y entrenador de la selección. Él sabía todo o casi todo lo que pasaba pero no podía hacer nada, él acababa de llegar también. Me ve con la maleta bajando las escaleras de los dormitorios y me dice: ‘sube para tu cuarto y habla conmigo un rato̕, tanto dio que me convenció y me quedé.

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