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En tres goles: BarrioHabana (I)

13 enero, 2021 | Karla Albert

Una idea surgida hace casi dos décadas se materializó en un proyecto llamado BarrioHabana, una manera de promover la práctica del fútbol y brindar opciones recreativas a los jóvenes de la Habana Vieja

Una de las principales metas de el proyecto comunitario BarrioHabana es redireccionar los comportamientos marginales de los jóvenes capitalinos a través de la práctica deportiva.
Una de las principales metas de el proyecto comunitario BarrioHabana es redireccionar los comportamientos marginales de los jóvenes capitalinos a través de la práctica deportiva. Foto: Score Magazine

Las calles de La Habana Vieja, en especial las del barrio Jesús María, hicieron coincidir los caminos de Iduán y Diego. Con 14 y 16 años, respectivamente, se conocieron estos jóvenes, que, a simple vista, solo tenían en común el municipio de residencia.

En los parques de la región, Diego era leyenda. Su nombre se asemejaba a lo invencible y su reputación metía miedo a no pocos contrincantes. Aunque Iduán había escuchado de él, verlo jugar en directo forjó más su respeto hacia el muchacho y motivó el primer tope entre ambos.

Esa misma tarde de 2014, el maltrecho patiecito de la Secundaria Básica José Martí supuso tabloncillo. En un acalorado tope de futsal, la calidad entrenada del chamaco de oro triunfó sobre el novato. Sin embargo, los dos ganaron, y ganaron mucho.

Aquel primer golpeo de balón entre Iduán y Diego no solo marcó el inicio de una genuina amistad y camaradería deportiva. Significó la entrada definitiva del primero a las filas de BarrioHabana, y la consagración absoluta de ambos al proyecto y su creador, Pavel García.

Sobre esta iniciativa comunitaria, sus misiones y experiencias personales, hablan Iduán Martínez, Diego Ramírez y Pavel García.

Pavel y las leyes en la cancha de la vida
La Habana Vieja presenta uno de los mayores índices poblacionales en la capital. En tal contexto, donde confluyen el hacinamiento, los bajos recursos económicos y ambientes marginales se desarrolla el proyecto comunitario intergeneracional BarrioHabana.

La idea surge en 2004, cuando ancianos y jóvenes competían por el espacio para practicar deportes. El juego dinámico, casi agresivo, de los muchachos del barrio entorpecía los ejercicios matutinos de los abuelos en las afueras del Convento de Belén. Esta polémica prendió la chispa del proyecto, que a cargo del joven abogado Pavel García, es hoy un referente en cuanto al quehacer comunitario capitalino.

A pesar de cambiar las leyes del juzgado por las de la barriada, Pavel lleva 16 años luchando por ganar “casos”, aun cuando en ocasiones le sea imposible evitar la “sentencia” que ha sido impuesta de antemano a sus muchachos.

¿Cómo llega un abogado de profesión a convertirse en el líder de un proyecto comunitario deportivo?
“En la vida casi todo tiene un trasfondo que delimita el nivel de compromiso de una persona. En mi caso, este precedente es el amor por el deporte. Desde joven, siempre pertenecí a selecciones de nivel provincial y nacional de baloncesto y empecé a dirigir y organizar eventos deportivos para las distintas escuelas en las que estudié en mi natal Pinar del Río, desde los 12 años. Así que ahí está la génesis del trabajo que vengo realizando con BarrioHabana desde 2004.

Pavel García, abogado de profesión y líder del proyecto, ha dedicado 16 años de su vida al desarrollado de la comunidad citadina
Pavel García, abogado de profesión y líder del proyecto, ha dedicado 16 años de su vida al desarrollado de la comunidad citadina. Foto tomada por Jesús Labaut

“Una de las grandes disyuntivas de mi vida fue decidir entre ser deportista o estudiar una carrera. Desgraciadamente, en Cuba no hemos tenido nunca un buen balance, pues casi ningún estudiante de alguna carrera ajena al deporte, puede aspirar a ser campeón olímpico o, incluso, nacional.

“En la época de los noventa, estaba aún más arraigado en el país el elitismo profesional, y los deportistas eran presentados como muy eficientes en ese campo, pero con menos recursos en el plano intelectual. Yo realmente tenía más posibilidades de ser un buen profesional que el mejor deportista”.

Una vez en la Facultad de Derecho, el fogueo de los Juegos Caribes y el calor del movimiento deportivo universitario le dieron a Pavel las claves para hacer de BarrioHabana una experiencia exitosa.

¿Desde su fundación en 2004 hasta la actualidad, se ha mantenido BarrioHabana fiel a tus aspiraciones iniciales?
“El proyecto comienza debido al reclamo del Convento de Belén que buscaba crear un puente entre los jóvenes y adultos mayores de la comunidad. Barriohabana viene a resolver esa competitividad por el espacio y la mala comunicación existente. La idea era tratar de no luchar, sino crear un diálogo a partir de algo que a los chicos les gustara, para involucrarlos con la tarea que se hacía en el convento.

“Los intercambios surgidos a partir de esta iniciativa alcanzaron, poco a poco, un lugar constante en las vidas de los vecinos, por lo que surgió una relación cada vez más profunda entre el barrio y la institución, a partir de un elemento inicial: el fútbol.

“Realmente creo que esto funcionó únicamente por el fútbol en un principio, porque en las calles de La Habana Vieja es lo que se respira. La práctica regular de futsal (o fútbol callejero) selló la permanencia del proyecto en la barriada.

“A partir de ese entonces todo ha ido evolucionando, por lo que no puedo decir que hemos seguido un mismo ideal en estos 16 años. Pero evidentemente, existen bases inamovibles en BarrioHabana, que son las que marcan nuestro devenir como proyecto comunitario”.

¿Cuáles son estas bases?
“Cuando uno trabaja para la comunidad, no es lo que uno quiera hacer, sino lo que realmente la comunidad necesita. Por lo que las características propias del espacio geográfico donde nos emplazamos determinan nuestras misiones como iniciativa.

Al decir de Pavel, la iniciativa está en constante búsqueda de nuevas alternativas para dialogar con los jóvenes y hacerles agentes transformadores de su realidad
Al decir de Pavel, la iniciativa está en constante búsqueda de nuevas alternativas para dialogar con los jóvenes y hacerles agentes transformadores de su realidad. Foto original tomada del perfil de Facebook del proyecto

“Redireccionar la conducta de niños y jóvenes que integran el proyecto es, hasta la fecha, una de nuestras principales metas. Por eso, a la par del futsal, tenemos una serie de actividades multidisciplinares disponibles para los chicos; entre las que se encuentran la práctica de otros deportes como ajedrez y baloncesto, la visita dirigida a museos y centros recreativos y el trabajo en un Aula Ecológica.

“De esta forma, la iniciativa sociocultural ha desempeñado un papel arduo y activo, con resultados concretos. De los equipos futbolísticos surgen atletas que por sus méritos han conformado las selecciones de las diferentes categorías, llegando incluso a formar parte de la selección nacional de fútbol en Cuba. Así, tres de los jugadores del equipo nacional, participantes en el último mundial, debieron sus orígenes a BarrioHabana.

Además, nuestro equipo infantil de ajedrez tiene resultados provinciales relevantes donde tenemos a futuras promesas del deporte”.
Pero, detrás de las buenas obras se esconde una realidad que el propio director reconoce: “el proyecto no obra milagros”. Las tres o cuatro horas que pasan los jóvenes en la cancha no resultan significativas con respecto al tiempo donde habitan en un entorno que demanda de ellos comportamientos específicos.
Pavel rememora entonces aquel momento cuando Pedro Suárez* fuera sentenciado por vez primera a prisión y no fuese abandonado por sus amigos, compañeros y profesores del equipo BarrioHabana. Sin embargo, esto no contribuyó a que corrigiera su comportamiento y en la actualidad se encuentra cumpliendo su segunda condena. Tal vez uno de los mayores golpes resulte ese, no poder hacer más, aunque las intenciones sobren.

A pesar de esto, Pavel explica que todo proyecto que pretenda cambios está expuesto a dificultades y ese es, precisamente, el desafío principal de BarrioHabana: buscar nuevas alternativas para dialogar con los jóvenes, abrirles a otras perspectivas y, finalmente, hacerles partícipes y agentes transformadores de una realidad en la que siempre encontrarán retos.

“El deporte, como ente transformador, ha cambiado la vida de muchos chicos. Aún queda bastante por hacer, pero en BarrioHabana queda demostrado el rol sanador de la práctica deportiva. Por eso todavía mantenemos fresco el sueño de crear puentes, conciliar y, sobre todo, formar buenas personas, en la cancha y en la vida”, concluye Pavel.

*El nombre fue cambiado para proteger la identidad de la fuente

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